Bolivia y Ecuador por la liberación de pueblos

Julio Peña y Lillo E[1].

Para el imperialismo y las naciones europeas que hicieron noticia estos últimos días, el episodio revolucionario que vive nuestro continente y que se inició con esta vuelta siglo sólo es comprensible, como un complot organizado –de ciertos “paisitos” del Sur- en contra de las llamadas democracias defensoras de los intereses del capital.

Estos países que con falsas y tibias disculpas se jactan y enorgullecen por lo bajo de haber detenido el avión de un “indígena”, y de seguir reproduciendo maniobras coloniales, no han comprendido que es justamente por ese despotismo y accionar denigrante, que ahora estamos reinventando a Sudamérica.

Que nuestros países ya no operan bajo una razón utilitarista, capaz de priorizar el rescate de los bancos en detrimento de sus ciudadanos, sino que nos encontramos frente a gobiernos comprometidos con el pueblo, con líderes fuertes como Evo, Chávez o Correa, que han sabido bloquear los intereses de los grupos económicos y las oligarquías, en beneficio de nuestra soberanía económica y por esta vía de una mayor democratización social.

Como lo ha mencionado claro y fuerte Jean Luc Melenchon, candidato de la izquierda no convencional francesa, es una lástima que la vieja Europa se desmorone en estos momentos a causa de la voracidad desesperada de una  clase capitalista neoliberal, que está llevando a pique a las instituciones republicanas, garantes de los servicios públicos de calidad.

En nuestro continente, estas fuerzas oscuras no han cesado su lucha, ya hemos podido apreciar los diferentes intentos de golpe (de Estado) que han sufrido nuestros países, así como el ataque constante por parte de los medios y emporios de comunicación, convertidos ahora en fuerzas de desestabilización regional, las cuales como sostiene (el escritor y filósofo mexicano) Fernando Buen Abad, arremeten contra nuestros presidentes y gobiernos, sin el menor respeto a la voluntad democrática de nuestros pueblos.

Sin embargo, de Evo y Bolivia no se podrá hablar nunca más en pasado, la articulación diplomática de UNASUR y MERCOSUR operando como un solo bloque es ya una clara prueba del nuevo momento que vive el movimiento revolucionario sudamericano.

Por ello, es importante recordar a los entusiastas seguidores del imperio, que en este nuevo siglo en la América Latina no se trata de movimientos vandálicos o anti-institucionales, como lo presentan los medios de comunicación controlados por el capital, sino por el contrario, que son procesos políticos de reconstrucción de la vida republicana y de innovación radical de las instituciones, sobre lineamientos tendencialmente eco-socialistas.

[1] Máster en Ciencias Políticas Flacso Ecuador