¿Capitalismo cognitivo o economía social de los conocimientos, qué nos depara el siglo XXI?

Seminario Internacional Capitalismo Cognitivo y Economía Social del Conocimiento CIESPAL abril 2015

Julio PEÑA Y LILLO E.

El reto que se abre a las sociedades latinoamericanas aún dependientes de las exportaciones de los productos primarios en el siglo XXI, es el de lograr liberar la información, para democratizar el acceso al conocimiento, con miras a promover y fortalecer el desarrollo endógeno, el cambio de la matriz cognitiva y productiva, con el fin de alterar la tendencia histórica, de deterioro de los términos de intercambio (renta tecnología en el norte Vs renta de la tierra en el Sur)[1], que condenan a nuestros países a ser netamente vendedores de recursos naturales.

Frente a esta tendencia histórica, Ecuador nuevamente vuelve a ser un protagonista de los vientos de cambio que soplan en nuestra región, al apuntalar un nuevo Código Orgánico de Economía Social de los Conocimientos, la Innovación y la Creatividad (COESC+I), conocido también como Ingenios, proyecto que surge desde el Sur, como una nueva corriente de pensamiento que busca desarrollar formas alternativas y más democráticas de gestionar el conocimiento, con el objetivo de beneficiar en primera instancia a los seres humanos, por sobre los intereses restrictivos del capital.

Para comprender la diputa por el acceso al código o a la información y el conocimiento, como sostuvo Yann Moulier (2015) en el seminario efectuado en CIESPAL abril 2015, tenemos que comprender que el capitalismo cognitivo del siglo XXI, reposa sobre un control restringido y privativo del conocimiento, puesto que en nuestros días, el proceso de acumulación acelerado de capitales transita de la explotación de la fuerza de trabajo (clásica), a la explotación de la ciencia, la tecnología y la innovación.

El capitalismo cognitivo genera su riqueza a partir de nuevas dinámicas como son la cooperación, el trabajo en red, y el aprovechamiento del general intellect (o sociedad del conocimiento), eludiendo de esta manera la rivalidad entre bienes indivisibles o materiales y los bienes inmateriales derivados del conocimiento. Como sabemos hoy en día, los hardware (maquinas) ya no tienen mayor valor por fuera de los programas que los dirigen, que son los software, a pesar de su interdependencia.

Si consideramos un Smartphone (o celular inteligente) como ejemplo, vemos que este artefacto de reducido tamaño, posee unas cualidades casi infinitas de interacción con el mundo, la información y el conocimiento, lo que demuestra claramente que el valor de uso se encuentra en la red, más que en el objeto en sí mismo (Dantas, 2015).  El capitalismo cognitivo de este modo, se coloca como la tercera forma histórica de capitalismo, después del mercantilismo y el capitalismo industrial (1780-1975) (Moulier, 2015).

La digitalización de la información y el conocimiento viven hoy un crecimiento exponencial, la innovación al interior del proceso productivo, está directamente relacionada con el uso de las nuevas tecnologías, lo que quiere decir que los retos que nos debemos trazar como sociedad en el siglo XXI, no pueden ser los mismos que nos hemos trazado en los siglos anteriores (Wachowicz, 2015).

Los procesos de transformación social, cultural y económica que vive la región en este siglo XXI, nos obliga a preguntarnos, ¿qué lugar están ocupando nuestras sociedades en la historia de la humanidad?, ¿reproducimos la cultura de la dependencia tecnológica o decidimos transitar a una sociedad del conocimiento libre e independiente, con miras a nuestro desarrollo social y productivo?

El código Ingenios que entrará a la Asamblea Nacional próximamente, es en gran medida una respuesta a estos interrogantes, puesto que busca convertirse en el nuevo dinamizador de la sociedad y los sistemas productivos, fomentando el desarrollo de la renta tecnológica, para evitar la reproducción y perpetuación del viejo modelo parasitario de nuestro capitalismo actual, que vive prácticamente de la renta de la tierra (Ramírez, 2015).

En nuestros días, la economía de lo inmaterial está ya a la vanguardia, así tenemos que los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) han pasado a ser más fuertes que el CAC 40 (40 primeras firmas registradas en la bolsa de París).Las redes conectadas por las tecnologías digitales, se convierten en modelos alternativos y más eficientes de trabajo y cooperación.

Entrado el nuevo siglo XXI, es importante tener en cuenta que la naturaleza de la explotación se ha desplazado de la fuerza de trabajo clásica, hacia la fuerza de invención o creación. El trabajo ya no se reduce a mercancía o a maquinas, sino que permanece vivo e inteligente a lo largo del ciclo de producción. El carácter inmaterial de la producción que era una característica emergente a finales del siglo XX, ha pasado a ser dominante, generando el máximo del valor agregado (Moulier, 2015).

Como señala Marcos Danta (2015), en nuestros días, el capitalismo cognitivo ha hecho de la información y el signo su fuente principal de acumulación, la marca pasó a tener más valor que el propio objeto. La producción de signos o  creación de códigos semióticos (palabra, imagen, gesto, objeto, etc.), opera como distintivos que se identifican con los diversos grupos sociales. Las marcas empresariales son vistas y significadas como parte de los componentes fundamentales de nuestra vida urbana.

Es por ello que en un sistema como el actual, de acumulación de conocimientos, lo que está en juego es la captura de los beneficios que provienen del saber y la innovación. La Revolución Ciudadana desde esta perspectiva, tiene en sus manos la posibilidad de llevar a cabo una revolución radical, apegándose a los cambios de la sociedad y de los sistemas productivos de nuestro tiempo.

Desde América Latina, como señala Ramírez (2015), se torna crucial diputar las lógicas privativas del capitalismo cognitivo. Nuestra independencia productiva y económica hoy en día, exige entrar a la disputa de la información y conocimiento libre, caso contrario, nuestros procesos políticos de transformación se verán fuertemente limitados, de permanecer impávidos ante los cambios que vive el planeta. Esto nos condenaría a la reproducción pasiva de un modelo económico dependiente de los recursos finitos.

El capitalismo cognitivo hoy en día tiene reglas de juego como la Propiedad Intelectual, que nos limita y excluye como sociedad, al salvaguardar el neo-dependentismo de las ideas y el conocimiento que provienen de afuera de nuestra región. La Propiedad Intelectual en su versión convencional, implica como sociedades (con grandes necesidades), anteponer la supremacía del valor de cambio, en función de la multiplicación de utilidades en pocas manos, por sobre el valor de uso o aprovechamiento de la sociedad en su conjunto (Ramírez, 2015).

Con el código Ingenios lo que se busca como país, es garantizar los derechos y distribuir los beneficios de la sociedad, transformando la tragedia de los comunes (privatización de: conocimiento, salud, nutrición, educación, etc.), mediante una nueva arquitectura jurídica, que permita romper con la dependencia cognitiva. Para ello, es fundamental que la UNASUR y CELAC asuman como nuestra, es decir, de todos los latinoamericanos, la necesidad de transformar los marcos regulatorios que nos mantienen atados a la buena voluntad de las grandes transnacionales y monopolios extranjeros.

Con el código Ingenios, queda claro que no se puede limitar la capacidad de la gente de conocer y experimentar constructivamente con el saber. La transformación creativa de la Propiedad Intelectual, permite confrontar la exclusión cultural y ampliar el acceso y difusión de los bienes comunes (educación, conocimiento, salud, nutrición, etc.), contrarrestando el principio sistémico de una supuesta “escases” que en realidad es ficticia (Ramírez, 2015).

La creación no puede seguir siendo considerada un acto hermético entre el creador y su obra, puesto que ésta surge para relacionarse con el mundo. No podemos seguir siendo condescendientes con las limitaciones que nos imponen ciertos sistemas, que impiden a la sociedad alcanzar los beneficios del progreso. Las tecnologías digitales han surgido justamente, para poner a circular la información y el conocimiento a una mayor velocidad y capacidad expansiva entre los ciudadanos (Dantas, 2015).

Desde el Sur es crucial trabajar en el fortalecimiento de las nuevas formas de re-ligamento social y productivo. Es fundamental generar las condiciones para que nuestros ciudadanos puedan crear, dialogar, compartir, es decir, desarrollar una nueva ecología de saberes y de vida, en beneficio de una mejor vida en común, y para ello es indispensable consolidar las alianzas virtuosas al interior del tridente academia, Estado y sociedad (Sierra, 2015).

La sociedad y los sistemas productivos están mutando a gran velocidad, pasamos de lo masivo a lo interpersonal, de lo físico a lo simbólico, de la lógica del producto a la lógica del proceso. El capitalismo cognitivo en este nuevo escenario, busca expandir y reproducir la apropiación privada de los espacios y dominios públicos y comunes, tornando al ciudadano en mero consumidor (Sierra, 2015).

Entrado el siglo XXI, nos vemos confrontados a un escenario complejo de tensiones como de posibilidades liberadoras. Tenemos ante nosotros el reto de anteponer la libertad y el acceso abierto a la conectividad y el saber, o de reproducir el cercamiento de los flujos de la información y el conocimiento, lo cual en el siglo XXI, se traduce en exclusión.

Las sociedades hoy en día ya no basan su producción de punta sobre la maquina industrial que produce autómatas, sino que se sostienen en sujetos creativos y en movimiento que se sirven de la inteligencia, la tecnología y sus múltiples posibilidades liberadoras (Sierra, 2015).

¿Cómo liberar la información y el conocimiento, cómo abrir y fortalecer el dominio público desde el Sur? El Buen Vivir de nuestras sociedades depende de la capacidad que tengamos de generar nuevos conceptos, nuevas miradas, nuevas políticas públicas más democráticas, más ecológicas, en donde el ser humano siga siendo considerado la prioridad, de cara a los embates privatizadores y mercantilistas del capitalismo cognitivo.

Desplegar la interacción humana implica entonces, promover un régimen de acceso lo más abierto posible y gratuito a los saberes y el conocimiento. Es imprescindible liberar todo aquello que está limitado por las políticas del Derecho de Propiedad Intelectual. Ingenios surge ahora desde el Sur, para subirse a la ola de la revolución digital, y expandir nuestras posibilidades de desarrollo social, económico y cultural, como país y como región.

Conferencias Magistrales:

  • Dantas, Marcos (2015): “Conferencia Magistral: “Trabajo material sígnico y plusvalía 2.0”. CIESPAL – Ecuador. https://www.youtube.com/watch?v=b3c7AATxOKo
  • Moulier, Yann (2015): “Del capitalismo fordista al nuevo capitalismo: las ilaciones del capitalismo cognitivo para comprender la guerra de códigos” CIESPAL – Ecuador.
  • Ramírez, René (2015): “La virtud de los comunes. Hacia una política social del conocimiento para el Buen Vivir”. https://www.youtube.com/watch?v=DfK_jJ0m2PE
  • Sierra, Francisco (2015): “Capitalismo Cognitivo y Agenda para una Sociedad del Conocimiento Abierta. Una crítica económico-política”. CIESPAL – Ecuador. https://www.youtube.com/watch?v=X4aPRAT6v2c
  • Wachowicz, Marcos (2015): “Conferencia Magistral: “Retos de la Propiedad Intelectual en la era de la Economía del Conocimiento” CIESPAL – Ecuador. https://www.youtube.com/watch?v=18f4nAx73gE

[1]Los países productores de materias primas necesitan producir cada vez más para comprar lo mismo, descapitalizándose en favor de los países industrializados (Moulier, 2015).