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COMUNICACIÓN Y MOVILIDAD HUMANA

CIESPAL: Comunicación y Movilidad Humana, un nuevo desafío a la hora de informar

Julio Peña y Lillo E.

Quito, 05 de noviembre 2015

Civilización o barbarie, nos decía en su momento Walter Benjamín (2008), sociedad del consumo -Baudrillard (2009)-, sociedades mercantilizadas -Bolívar Echeverría (2010)-, sociedades de lo excesivo contra la sencillez, contra la sobriedad, contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, la solidaridad, la cooperación, nos recordaba Mujica (2013).

El presente texto es una invitación a mantener la batalla por un mundo y una comunicación sin fronteras. La americanización de la modernidad (Echeverría, 2008) en la que nos vemos insertos, o lo que se conoce también como la economía globalizada, ha reducido el mundo de la vida únicamente a la preocupación por el interés privado, y el beneficio que llega a muy pocos (escuchamos hablar cada vez más en nuestros días, de ese famoso sector “privilegiado” del 1%).

En este escenario, adverso para las grandes mayorías, la tarea pendiente para nuestros pueblos es la de ser capaces de generar políticas que vayan justamente en sentido contrario a esa tendencia imperante, es la de poder pensarnos entre todos, conocer nuestras realidades y activar nuestra participación, para llevar a cabo y sostener en el tiempo, las transformaciones sociales y políticas que permitan fortalecer, profundizar y expandir la democracia, hoy secuestrada por los poderes fácticos y financieros a nivel global.

Trabajar los temas relacionados con la problemática de la movilidad humana implica reconocer los principios capitalistas imperantes, que favorecen, reproducen y promocionan la cultura del desecho, cultura de la cosificación humana, cultura de la obsolescencia programada.

Recuperar la soberanía popular en territorios de grandes desigualdades, es pensar en lógica de inclusión, respetar las libertades, pero sobre todo, priorizar la igualdad y equilibrar las grandes desigualdades. Para ello, como región debemos ser capaces, de castigar impositivamente al despilfarro, la especulación y trabajar con miras a desarrollar las solidaridades hacia los más oprimidos, marginados y excluidos; lo cual requiere, poder contar con Estados comprometidos y al servicio de las fuerzas populares (Mujica, 2013).

Es imperativo fortalecer la comunicación desde una perspectiva más democrática e incluyente, es imprescindible construir nuevas configuraciones culturales que nos permitan una mayor versatilidad con nuestras múltiples identidades, siempre cambiantes, desde lo local-nacional y regional. Desconocer los derechos a los migrantes, es olvidar que la movilidad de personas responde a causas estructurales de desigualdades tanto nacionales como regionales, así como entre países del norte y sur (Ramírez, J, 2015).

Ahora que nos convoca la problemática de la movilidad, cabe recordar a Saskia Sassen (2015), quien nos recuerda que actualmente estamos siendo testigos de la eclosión de un nuevo fenómeno migratorio, que tiene que ver con la “pérdida masiva de hábitat”, originada principalmente por las guerras, por las apropiaciones de tierras, la desertificación de los suelos, y el incremento de los niveles de agua, que terminan por enterrar a todo tipo de zonas habitadas.

No hablamos entonces, como debería ser lo lógico en el siglo XXI, de la búsqueda de una vida mejor, para un gran número de ciudadanos de nuestro planeta, sino, paradójicamente, en esta versión de “progreso capitalista”, estamos hablando de la defensa del derecho a la supervivencia de un gran número de seres humanos.

Los refugiados huyen de la guerra, de la devastación: tenemos enfrentamientos en Siria, conflictos en Afganistán, Somalia, Libia, México, Colombia y tantas otras zonas del globo terrestre. No obstante, el inmigrante ha sido durante mucho tiempo, una figura familiar en nuestra historia latinoamericana y aquí hacemos referencia a todas esas personas que se desplazan para buscar una vida mejor, que es el ejemplo más familiar de los desplazados (Sassen, 2015).

La imagen que hemos visto y que se repite constantemente en nuestra historia de occidente, es y ha sido la del inmigrante deseoso de trabajar, de emprender su propio negocio, de enviar dinero a “casa”, a menudo imaginándose poder volver a su país, a su “hogar” de origen, para visitarlo o incluso quedarse para siempre (Sassen, 2015).

Estos flujos de personas desesperadas, son una tendencia increcendo de procesos que, en medio de este sistema imperante, están propensos a aumentar, más que a disminuir. Estos flujos humanos son historias hechas por hombres, mujeres y niños, en la huida desesperada de condiciones insostenibles, que pretenden ser “normalizadas”.

Para ellos no hay ese llamado “hogar” a donde volver, su casa pasa a ser una plantación, una zona de guerra, la periferia de una ciudad, un desierto o una llanura inundada. A más de estos desplazamientos forzados, estos migrantes se topan también con terribles problemas raciales y con la estigmatización que siempre acompaña a los flujos migratorios.

Estos complejos problemas sociales pueden terminar reducidos en lecturas positivas, o en la mayoría de los casos, con terribles percepciones negativas, puesto que los medios de comunicación convencionales, o funcionales al sistema, tienden a presentar los aspectos más sensacionalistas de la movilidad humana, como cuando ocurren la tragedias en el Mar Mediterráneo, matanzas en la frontera entre México y EEUU, o hechos delictivos con involucramiento de extranjeros (Sassen, 2015).

La reproducción de discursos xenófobos y discriminadores, propios de los medios dependientes del raiting, terminan perjudicando el ejercicio de configuración de sentidos de la realidad, reforzando de esta manera los prejuicios sobre las personas de movilidad humana.

La americanización de la modernidad (Echeverría, 2008) o globalización económica, a más de promover las privatizaciones de las empresas y servicios públicos, la desregulación económica, especialmente financiera y laboral, ha dado prioridad a la apertura de fronteras, pero exclusivamente para las mercancías, los servicios y los capitales.

La globalización neoliberal no ha sido pensada para las personas, a estas se les permite circular libremente, cuando los grandes centros económicos consideran necesario aumentar la oferta de trabajadores para rebajar los salarios (aquello que Marx denominaba, la activación del famoso ejército de reserva). Los Estados se han convertido en herramientas funcionales al servicio del aumento de la tasa de ganancia de las empresas y transnacionales (Monedero, 2013).

Actualmente, menos de cien personas en el mundo concentran la riqueza equivalente a media humanidad (Monedero, 2013). Es por ello que desde el SUR, es fundamental enviar un mensaje claro y contundente, de que no podemos seguir jugando con las vidas humanas, como si tratase de mercancías y de productos desechables o descartables.

Recuperar la democracia secuestrada por lo poderes fácticos y financieros, requiere multiplicar los espacios donde podamos confrontar las ideas, para potenciar y fortalecer la soberanía popular y que sean los ciudadanos los que recuperan la voz y con ella, el poder; sólo de esta manera, podremos hacer frente a las injusticias “normalizadas” de nuestras sociedades.

Con la última vuelta de siglo, Sur América ha empezado a desconectarse de los centros financieros de extorsión de la globalización neoliberal. Se han abierto vías para capitalizar los propios recursos económicos y poner en marcha procesos de redistribución de la riqueza, que han logrado sacar a más de 70 millones de personas de la pobreza en nuestro continente (Monedero, 2013).

Sin embargo, estamos conscientes como Región, de que todavía nos queda mucho por recorrer; en este escenario, pensar la Comunicación y la Movilidad Humana, es un esfuerzo por promover y desarrollar un periodismo responsable, comprometido con el espíritu humanitario de respeto de los derechos humanos y a la integración de las personas en situación de desplazamiento.

Las grandes transformaciones de nuestra sociedad y del mundo, requieren la construcción de un proyecto hegemónico progresista o de izquierda, que desate una nueva configuración cultural y política, en donde Estados y sociedades puedan jugar un rol clave, a la hora de plantear las nuevas clasificaciones sociales, o los nuevo sentidos de pertenencia a este único planeta, que es el que debemos habitar todos como ciudadanos del mundo.

Bibliografía:

  •  Baudrillard, Jean (2009): “La Sociedad De Consumo: Su Mitos, Sus Estructuras”. Edi Siglo XXI. México.
  • Benjamín, Walter (2008): “Tesis sobre la historia y otros fragmentos”. Edi. Ítaca. México.
  • Echeverría, Bolívar (2010): “Modernidad y Blanquitud”. Edi. Era. México.
  • Echeverría Bolívar (2008): “La americanización de la modernidad”. Edi. Era. México.
  • Monedero, Juan Carlos: (2013): “Curso urgente de política para gente decente”. Edi. Seix Barral. España.
  • Mujica, José (2013): “Discurso completo de Mujica en la ONU” http://www.republica.com.uy/discurso-completo-de-mujica/386200/
  • Ramírez, Jacques (2015): “Hacia el Sur: migración intrarregional y construcción de la ciudadanía suramericana”. En CELAG http://bit.ly/1lFaxji
  • Sassen, Saskia (2015): “”Los nuevos flujos migratorios emanan de una pérdida masiva del hábitat”. En El Diario.es http://bit.ly/1lFb30F
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