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Democracia sí, plutocracia no

Julio Peña y Lillo E.

Existe un discurso liberal muy arraigado entre politólogos convencionales, que se revela siempre en defensa de la democracia formal -aquella de las leyes e instituciones-,  por sobre aquella de la democracia real  -relacionada con la redistribución e igualdad de oportunidades-, y que nos dice que son las instituciones las únicas portadoras de legitimidad, con capacidad de administrar las diversas demandas y requerimientos de los ciudadanos.

Para el discurso liberal, las instituciones son las portadoras de legitimidad, porque surgen de un consenso político (o con il senso), es decir: todos en un mismo sentido. El escenario se torna problemático, cuando se instaura el momento agónico en la sociedad, el momento de la confrontación de tesis y postulados distintos, que agotan ese llamado consenso, como fue lo que sucedió en América del Sur con la llegada de los gobiernos progresistas entrado el siglo XXI.

El momento agónico para los sectores de poder (banca, comercio, medios de comunicación, y ciertas academias sobre todo privadas), se convierte en una amenaza, porque limita y en muchos casos imposibilita la consecución de acuerdos y de alianzas. Este momento en nuestra región ha sido catalogado por algunos aventurados analistas conservadores, como el momento “populista”, el cual es calificado de forma peyorativa, porque se supone que coloca a las sociedades y a los sistemas políticos en riesgo, simplemente porque busca alterar el llamado “estado natural” de las cosas.

Cuando hablamos de América Latina, cuna de las más grandes desigualdades establecidas como “estado natural de la cosas”, y vemos la llegada de gobiernos que se esfuerzan por remediar y reducir las brechas de pobreza, desempleo, e inequidad, a través de la puesta a punto  de políticas que promueven la solidaridad -posible únicamente gracias a la implicación y compromiso de todos-, surge el momento agónico, o momento de conflicto, cuando una de las partes, en nuestro caso la vinculada a los sectores económicos de poder, se opone a la implementación de políticas sociales en donde los que tienen más, por obvias razones son los que deben contribuir un poco más.

Estos sectores de cultura neoliberal, siguen pensando convenientemente que debe ser el mercado y no el Estado el encargado de brindar las respuestas a las necesidades sociales. A pesar de las terribles desigualdades históricas que vive nuestro país (de infraestructuras, de educación, de salud, de servicios, etc.), los sectores de poder (banca, comercio, medios, etc.) por naturaleza conservadores, se niegan a perder sus privilegios –histórico-coloniales-, razón por la cual señalan que han visto afectados sus intereses particulares o de clase en estos últimos 10 años de Revolución Ciudadana.

El proceso político en curso, entró a regular la economía, a establecer nuevas reglas de juego con la Constitución de 2008, mejorando la redistribución de la riqueza, repartiendo de mejor manera el pastel, con acciones que fueron posibles únicamente, a partir de la ruptura de ese consenso neoliberal que duró aproximadamente 20 años en nuestra región.

Las elecciones que tenemos en frente este 02 de abril, revelan nuevamente esta división de sectores, esta separación y distanciamiento entre las formas de ver, de hacer y de poner en práctica la política. Lasso y Moreno responden a dos momentos del actual ciclo político electoral, el primero, potencial catalizador y canalizador de fuerzas económicas que buscan recuperar a toda costa el poder, para lo cual han desarrollado un campaña llamada de “cambio”, que como sabemos, es un disfraz de neoliberalismo privatizador y privativo, y el segundo, que en los últimos resultados de la primera vuelta (19 febrero) ha logrado un amplio respaldo popular, colocando nuevamente a la Revolución Ciudadana y su proyecto de Estado Social, como la primera fuerza política nacional.

Para los politólogos del consenso liberal, estos resultados no se comprenden sino es a partir de una lógica de manipulación de las masas, asumen que la gente es ignorante, manipulable y que no reflexiona su voto. Para otros analistas relacionados un poco más con las causas sociales, esto se explica por el contrario, a partir de un proyecto político que surgió hace 10 años, período en el cual se ha podido cubrir y responder gran parte de las necesidades sociales acumuladas en una larga historia nacional de abandono e indolencia.

Podemos decir claramente que la gente no es tonta ni manipulable. En Ecuador ya ha sucedido que frente al abuso presentado por gobiernos demagogos, o gobiernos vende patrias que han puesto al Estado al servicio de muy pocos, la sociedad organizada se ha encargado de derrocarlos. La Revolución Ciudadana en el transitar político ecuatoriano es desde luego una excepción, ya que gracias al trabajo realizado, a su penetración y acceso a los territorios, y al haber acercado el Estado y los servicios a un mayor número de ciudadanos, logró capitalizar el apoyo de la gran mayoría de electores que legitiman y ratifican su proyecto.

Frente al importante aprobación y respaldo popular con el que cuenta el movimiento político de gobierno, muchos analistas liberales funcionales muchas veces a los sectores económicos de poder, tienen como estrategia, opacar la imagen del gobierno, y para ello no dudan en pasar por alto el deterioro de la economía global (decrecimiento de China), la reducción de los precios de las materias primas en los mercados globales, o hacer caso omiso a la destrucción causada por fenómenos naturales como fueron los terremotos.

Partiendo de una negación radical de todos estos factores, aluden que el decrecimiento de nuestra economía (de estos dos últimos años) es consecuencia de un error del modelo planteado por la Revolución Ciudadana, olvidándose sin lugar a duda, que sin estos factores en contra (los cuales se presentaron al mismo tiempo), cuando ellos estuvieron en el poder, el (fallido) modelo neoliberal quebró al país y expulsó a 2 millones de ecuatorianos a vivir en el extranjero.

Por eso lo que hoy está en juego con estas elecciones, es la definición entre dos modelos de gestión de la economía y la sociedad: la de fortalecimiento de lo público, o lo que es de todos, lo cual beneficia a las grandes mayorías; o la del retorno al modelo neoliberal excluyente, de liberalización –tiranía del mercado-, mundo de lo privado que resulta privativo para los grandes sectores populares.

En el debate ideológico y mediático estos dos modelos aparecen polarizados, y mutuamente excluyentes. Sin embargo, con las elecciones de febrero 2017 el Movimiento Alianza País ha vuelto a colocarse como la primera fuerza en la Asamblea Nacional, triunfando también en la Consulta Popular en contra los paraísos fiscales (o evasión tributaria), resultados políticos que señalan claramente que el famoso proyecto de “cambio” planteado por Lasso no termina de cuajar entre la gente, y al contrario de lo que piensan los analistas liberales, con estas últimas elecciones la sociedad ha dado una señal clara de tener aún presente los estragos causados por el viejo modelo neoliberal.

A más de ello, Lasso cuenta con un capital político bastante desgastado, la sociedad no perdona ni olvida su participación en el Feriado Bancario, su candidatura es percibida como una alternativa poco fiable frente a un gobierno de planificación y resultados como es el de la Revolución Ciudadana, a más de ello, con su historial de quiebra del sistema financiero, el proyecto Lasso como candidato hace agua, y no se lo percibe con capacidad para revertir lo que él denomina: la crisis del modelo económico actual.

Frente a la mala percepción que posee el banquero entre los electores, muchos de sus analistas y asesores políticos han optado por posicionar la imagen del Presidente Correa como la de un ser autoritario y despótico, pero olvidan por supuesto, que no hay peor violencia y autoritarismo que un sistema capitalista que no quiere ser regulado, que no quiere implicarse en el desarrollo de todos y que considera como parte del  “estado natural de la cosas” el que se reproduzca la pobreza, la exclusión y la insalubridad.

Otra de las estrategias llevadas a cabo por los coidearios del candidato Lasso, es la de tratar de posicionar entre los electores la idea de que el país tiene una deuda inmanejable, lo que dista mucho de ser cierto, puesto que la misma no llega ni siquiera al 40% del PIB, y como ciudadanos podemos ver y palpar que los frutos de esa deuda se traducen en innumerables obras y servicios que benefician al país.

Cabe entonces pregúntales a los asesores y analistas de Lasso, ¿qué nos dicen de las exorbitantes deudas del periodo neoliberal, que en ocasiones llegaban al 100% del PIB e incluso más, famosas deudas externas conocidas también como “deudas eternas”, que tenían sometido a nuestro pueblo al pago de intereses a los bancos internacionales, deudas de la cuales no vemos hoy por hoy ni un puente, mucho menos un hospital o escuela?

Lo interesante del modelo planteado por la Revolución Ciudadana, es que ha logrado combinar muy hábilmente, crecimiento con redistribución, a diferencia de los modelos neoliberales del individualismo y la competencia salvaje, que pueden tener un buen crecimiento, pero la riqueza generada es al mismo tiempo concentrada en muy pocas manos.

Si revisamos el crecimiento promedio del PIB de Ecuador en el período 2007-2016, veremos que es de 3,4% anual, mucho mayor al de las dos décadas perdidas en la “larga y triste noche neoliberal”, a pesar de que los años 2009 y 2016 fueron realmente duros para nuestro país. El éxito de este modelo fue posible en gran medida, gracias al empuje y liderazgo ejercido por el Presidente de la República, Rafael Correa, quien tuvo que hacer frente más de una vez, a los chantajes políticos y mediáticos de los diferentes grupos de poder que se niegan o boicotean las políticas de mayor justica social.

Otra medida económica muy importante, fue la de asegurar la prestación de servicios sociales (salud, educación, salarios, etc.) al rubro generado por el cobro de impuestos y no al petróleo como en tiempos neoliberales, en donde los servicios quedaban expuestos a los vaivenes de los precios internacionales de las materias primas. Los 10 años de Revolución Ciudadana que probablemente se extienda a 14 años con las próximas elecciones del 2 de abril, ratifican el éxito de un modelo (del socialismo del siglo XXI) que supo anteponer a las personas y a la sociedad por sobre las exigencias e imposiciones –tiránicas- del capital.

Lo que la sociedad está demandando y está ratificando constantemente con sus votos en las elecciones, es la necesidad de fortalecer el Estado Social, y no desmantelarlo como le gustaría hacerlo al candidato de la banca, así como a los sectores de alta concentración de capital. Con los últimos resultados en primera vuelta, vemos que el pretendido fin de ciclo queda pospuesto, la significación de estos resultados abre una discusión fundamental sobre el tipo de sociedades que estamos configurando en la región, vemos que el clivaje izquierda (más social), derecha (más individual-proprivado) sigue presente, y que los electores lo tienen bien ubicado.

Estos últimos 10 años en la política ecuatoriana han sido también muy importantes, porque se ha logrado invertir la tendencia de mejoramiento de la calidad vida que antes estaba concentrado únicamente en las clases adineradas. Vemos que la redistribución de la riqueza en nuestro país está haciendo su parte, y por primera vez hemos mejorado más, las condiciones y calidad de vida de los trabajadores y sectores populares, y ya no como era antes, únicamente la de las clases acaudaladas. Esto el pueblo lo vive en su cotidianidad, en su relación con el trabajo, con la producción, con el salario, con el tiempo libre, con la educación, la salud, las vacaciones, reconocimiento de horas extras, etc.

En materia de corrupción, si bien hay mucho trabajo por hacer, es fundamental como sociedad tener presente que se trata de un problema sistémico (propio del juego capitalista, por ejemplo: paraísos fiscales) y también cultural. La corrupción es perniciosa tanto por el lado del que recibe la coima, como por el lado del que la ofrece. Por ello, la apuesta debe ser un trabajo de fondo, que se focalice desde los primeros años de vida de la gente, para lograr atenuar este mal que tanto daño nos hace como sociedad.

Pero de allí, llegar a pensar que el banquero que ya fue parte de la peor quiebra del país (económica y política), el mismo que actualmente tiene alrededor de 40 empresas gigantes en paraísos fiscales las cuales no tributan en el Ecuador, el mismo que incremento su fortuna de 1 a 30 millones gracias a un feriado bancario que desvalijó a nuestro pueblo, empresario que tiene incorporado en su chip, como algo “natural” la premisa de esquivar los controles del Estado, de evadir las leyes para no contribuir con el fisco (con todos los ecuatorianos), pensar que un ejecutivo de esta naturaleza es la posible solución a los problemas de corrupción de nuestro país, es algo completamente naïf.

Alguien que pretende dedicarse 4 años a trabajar en el sector público, que nos plantea de entrada suprimir impuestos y continuar manejando al mismo tiempo sus emporios en los paraísos fiscales, es no darse cuenta que en estas prácticas existe claramente un fuerte conflicto de intereses. Tenemos que tener claro como ciudadanos, que la administración pública se ocupa de mediar derechos, intereses y bienes colectivos.

La empresa privada o la banca tienen intereses netamente particulares, privados. Un sistema económico y financiero saludable, requiere reglas claras, y no de actores que sean juez y parte, como ya nos sucedió con el Feriado Bancario en el año 98, allí pudimos apreciar claramente como esa mezcla termina generando un terrible caos. Una democracia plena exige fundamentalmente, una clara separación entre el poder económico y el poder político.

Uno podría pensar que la actual confluencia de ciertos sectores de la izquierda con el candidato de la banca tiene como fin, “salvar al Ecuador de todos los males del correísmo”, sin embargo, si miramos con detenimiento, se trata de alianzas entre sectores (ejemplo: MPD-CREO) que ya han sido sancionados por la democracia. Sectores que en su momento ocuparon cargos en diferentes instituciones del Estado, pero que por su mal accionar en la administración pública ya no cuentan con el respaldo ciudadano.

Lo que en el fondo buscan todos estos sectores de la fanesca ideológica, mucho más allá de querer salvar al Ecuador de cualquier tipo demonio (autoritarismo o corrupción), es juntarse al banquero para después recuperar lo perdido, como es el caso del MPD que por tanto tiempo controló la educación y que tanto daño le causo a este sector.

Este 02 de abril lo que está en juego son dos proyectos antagónicos de hacer política, por un lado tenemos el proyecto de dar continuidad al proceso de fortalecimiento del Estado, con su respectiva regulación, control, y redistribución, o dar paso a quienes ya estuvieron en el poder, sectores actualmente aglutinados en torno a la candidatura del banquero del feriado, los cuales siempre vieron al Estado como un botín para sus propios fines y beneficios.

Que la historia sirva no sólo para contarse, sino para ayudarnos a evitar futuras desgracias. El “cambio” como retorno al pasado lo conocemos bien, puesto que como ecuatorianos lo padecimos en carne propia. La apuesta que tenemos en frente, es la de seguir construyendo un Ecuador con futuro más democrático e incluyente, o la de volver al pasado, a ese Ecuador aglutinado en torno a todos esos actores políticos que ya fracasaron.

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