Democracia siglo XXI, de la acción colectiva a la acción conectiva

Julio PEÑA Y LILLO E.

Todo está cambiando aceleradamente en la sociedad del siglo XXI, los procesos productivos, la ciencia, el acceso al conocimiento, la comunicación, la innovación, ya no podemos decir, como sostiene Joan Subirats (FLACSO 2014), que todos estos acontecimientos son fenómenos coyunturales, sino más bien, que estamos confrontados a cambios estructurales que están afectando directamente nuestra vida cotidiana.

La aparición de nuevas tecnologías no sólo ha trastornado el statu quo, presentando mejores versiones de los bienes y servicios que utilizamos cotidianamente, sino que a la par, ha generado espacios para una cadena de adaptaciones tecnológicas y prácticas relacionadas con los usos y costumbres, que inducen a nuevas formas de apropiación y aprovechamiento de esas tecnologías.

La política al igual que la economía, no puede desentenderse de este proceso de cambio provocado por los impactos acelerados de los cambios tecnológicos. La nueva capacidad conectiva, ha logrado activar nuevas prácticas políticas, que permiten acortar las distancias entre los ciudadanos, reduciendo el protagonismo de la democracia representativa (partidos políticos tradicionales), desplazando de esta manera los antiguos modos de hacer y pensar la política.

Lo político en este nuevo escenario del siglo XXI, va adquiriendo características diferentes, ya no puede considerarse monopolio del Estado, de las instituciones, o de unos cuantos partidos tradicionales. Fenómenos como: la Primavera Árabe, los Indignados, Wall Street 99%, Yo Soy 132 en México, las reivindicaciones de los estudiantes en Chile, etc., son una clara muestra del surgimiento de nuevos espacios de colaboración y de acción, generados para modificar situaciones de injusticia, que superan en muchas ocasiones las discusiones tradicionales del clivaje izquierda-derecha o estado-mercado.

Ya no es posible confundir internet y las tecnologías de la información y la comunicación, con nuevas versiones de antiguos instrumentos de comunicación y mediación. La explosión de la comunicación y su cada vez más aguda híper-conectividad, está permitiendo el surgimiento de una forma específica de ciudadanía social, que encuentra sus propios valores en la dinámica asociativa y cívica, que se va tejiendo a partir de las redes virtuales.

Desde esta perspectiva, siguiendo a Subirats (2014), la nueva acción conectiva tiene claro que para cambiar un país, lo primordial es la construcción de mayorías en lógica Gramsciana. Las nuevas manifestaciones políticas se caracterizan entonces, por conectar los bienes comunes digitales, ambientales y económicos, con la renovación política y democrática para alcanzar una democracia de lo común.

Surge así una nueva forma de hacer política, que se confronta directamente con la política tradicional o partidocracia, gravemente influenciada por el fundamentalismo neoliberal, que niega toda posibilidad de un debate sobre las distintas alternativas de concebir la política y la economía.

Las lógicas colaborativas, las dinámicas participativas, así como la capacidad de compartir información y acción política, son expresiones sociales alternativas al individualismo propio de una sociedad de mercado, estas nuevas prácticas promovidas desde las plataformas comunicativo-tecnológicas, se van re-valorizando en el nuevo mundo que configura internet.

Cada vez más la gente accede a información que se comparte en la red, construye su criterio y quiere participar directamente en las decisiones que les afectan a diario. En estas nuevas dinámicas de acción conectiva, es más importante el hacer que el “representar”, el movilizar que el delegar, por ello es fundamental ocupar tanto las calles y los espacios públicos -suscitar debates, activar foros, encuentros abiertos y participativos-, como posicionarse estratégicamente en las diferentes redes y canales que nos brinda el ciberespacio.

El liderazgo en estos nuevos escenarios políticos viene dado, por el grado de activismo y compromiso para con el movimiento, lo cualimplica también, capacidad de convocar y auto-convocarse constantemente, para movilizar todo aquello que por años ha permanecido bloqueado o inalterado.  Por ejemplo, para exigir la desmercantilización de bienes comunes como: educación, salud, ciencia, tecnología e innovación; cuyo valor de uso debe servir para el aprovechamiento sobre todo de los ciudadanos y no únicamente del capital.

Quienes desde la izquierda critican la puesta en práctica de estas nuevas estrategias que buscan conformar una mayoría social a favor de la transformación del sistema imperante, se limitan muchas veces a repetir estribillos ya conocidos (lucha de clases, expropiación de los medios de producción, dictadura del proletariado, etc.), sin percatarse todavía que lo que vienen haciendo y reivindicando ya no les funciona.

La izquierda del siglo XXI debe emplear estrategias acordes con el siglo que le ha tocado vivir, servirse de las nuevas tecnologías para acercarse y congregar a los ciudadanos alrededor de la defensa de los bienes comunes, aprovechando las potencialidades democratizadoras que genera internet, en el proceso de emancipación social y construcción de una democracia más radical YA!