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Economía social de los conocimientos o economía de mercado

Christian Pino Garrido

        

A pesar de los desesperados intentos del candidato de la derecha por mostrarse empático con las clases populares y en consecuencia remendar al apuro su plan y su discurso; y, muy a pesar de que ciertos sectores de “izquierda” derrotados por su ambigüedad en las urnas, pretendan sostener la idea de que Alianza País  es un movimiento de derecha. No cabe la menor duda que en la elección de este domingo, los ecuatorianos deberemos elegir entre dos modelos de Estado radicalmente distintos, por un lado una propuesta que plantea continuar con la construcción y consolidación de un Estado social y solidario,  basado en una economía del conocimiento; y por otro, una propuesta que plantea un Estado de corte empresarial, basado en una economía de mercado.

Ante esta disyuntiva mi opción es el proyecto de Alianza País encarnado por Lenín Moreno, porque se trata de un proceso político de izquierda, cuyas políticas públicas se dirigieron preferentemente a combatir la pobreza, reducir las inequidades y  democratizar los servicios sociales; un proyecto que planteó el desafió de llevar el país hacia una en economía social del conocimiento, para lo cual  apostó firmemente en la reproducción de las capacidades humanas y materiales del país; un proceso político que se ha presentado al mundo como un referente en la disputa de las relaciones del poder, en el manejo de su deuda, en la proscripción de guaridas fiscales, en la imposición de responsabilidades al gran capital transnacional.

Combate a la pobreza, la desigualdad y la inequidad

Como consecuencia de la aplicación de un modelo que ubica al ser humano en el cetro de sus preocupaciones, en 10 años de gobierno se han conseguido, entre otros, importantes logros en materia de reducción de la pobreza en todas sus dimensiones, reducción de la desigualdad, y mejorías sustantivas en la (re)distribución de recursos.

En ese sentido y de acuerdo con datos de Senplades y CEPAL, se puede señalar que entre 2006 y 2016, la pobreza por ingresos pasó del 37,6% a 22,9%; la pobreza por necesidades básicas insatisfechas pasó de 47,0% a 32,0%, la pobreza por consumo bajó de 38,3% a 25,8%; y la pobreza multidimensional del 27, 2% al 16,9%; el Ecuador se posicionó como el país de América Latina que a mayor velocidad redujo la desigualdad, en el período comprendido entre 2017 y 2014 el país redujo la desigualdad en 8 puntos[1], mientras que los demás países latinoamericanos lo hicieron en un promedio de 3 puntos; finalmente entre el 2007 y el 2016, el quintil más pobre de la población duplicó sus ingresos, lo que permitió que la brecha de ingresos entre el 10% más rico de la población y el 10% más pobre se redujera de 42 veces a 24 veces.

Más de alguno seguramente señalará que estos resultados exitosos, son el resultado de los años de bonanza económica que experimentamos como consecuencia de de los elevados precios de los commodities, y que por lo tanto, tales resultados ya son parte del pasado; ello es en parte cierto, pues es innegable que sin esos recursos, los avances probablemente serían menos elocuentes,  pero por otro lado es también innegable que detrás de estos resultados existen políticas, programas y proyectos concretos, que deliberadamente no se implementaron en el pasado, y que le permiten al pías contar hoy, con una red de protección de los quintiles de más bajos recursos.

Lo anterior se verifica con claridad, en el hecho de que al llegar la época de “vacas flacas”, producidas por la crisis mundial que impactó en los precios de las materias primas, las principales medidas implementadas por el gobierno para contrarestar los efectos de la crisis, fueron medidas heterodoxas preferentemente dirigidas a blindar a los quintiles de estratos más bajos de los efectos de la crisis, y como consecuencia lograr  que los efectos de la difícil situación económica sean absorbidos principalmente por las clases privilegiadas, a través de medidas de política comercial (salvaguardias), de defensa del empleo (seguro de cesantía), y fundamentalmente a través de la gran red de protección social que se construyó en los últimos años, y que aun hoy, a pesar, de la crisis se sigue construyendo.

En una coyuntura compleja como lo actual, que a pesar de las mejoras que ha experimentado la economía ecuatoriana, sigue siendo difícil, la manera como se nos proponga conducir al país a través de tal complejidad es esencial. Por un lado están las medidas hasta ahora aplicadas que protegen a los más pobres, y por otra las medidas neoliberales de ajuste del candidato de la derecha, que hoy se aplican en la Argentina de Macri, que se aplicaron en los años ochenta  y noventa en el Ecuador, medidas que implican paquetazos, eliminación de subsidios, de recortes salariales, de privatización, de apoyo a los grandes grupos económicos, e incluso, si las circunstancias lo ameritan de salvatajes bancarios.

Hoy el candidato de la banca, al referirse en su plan a lo social, escuetamente señala que “(…) la solidaridad de la sociedad civil debe verse soportada en las políticas públicas en salud, educación, seguridad social y vivienda (…)”, delineando de esta manera su entendimiento de lo social, como un acto caritativo y solidario de la sociedad civil. Esta idea se reafirma cuando señala que en dichas áreas,  la acción subsidiaria del Estado debe sumarse a la acción privada[2].

En el proyecto político que hoy encarna Lenin Moreno, lo social no es caridad, y el Estado no debe cumplir un rol subsidiario, sino principal. Para este proyecto político la opción preferente fueron y  serán siempre los pobres, tanto en las épocas de economía boyante, como en las épocas de recesión, de allí que su principal propuesta se oriente hacia la protección social a lo largo de la vida, protección integral durante los primeros 1000 días de vida, erradicación de la desnutrición infantil, vivienda digna y segura, aumento del bono de desarrollo humano, y ampliación de la cobertura social para adultos mayores en situación de pobreza.

En este punto llama la atención la postura de algunos “líderes de opinión”, que se dicen de izquierda, y que han declarado su apoyo al candidato de la banca. Plantean ellos que en un segundo momento, en “libertad y democracia”, (re)posicionarán su lucha de izquierda. Nada más absurdo, pues aquellos que han sufrido años de abandono, aquellos que están en bajo la línea de la pobreza o que han logrado salir de ella con mucho esfuerzo, tienen urgencias que no pueden esperar, y menos aún pueden quedar supeditadas a las mezquindades y a la comodidad de estas posturas pseudo intelectuales, de quienes que por sus egos personales y por tener la panza llena, son incapaces de  entender la urgencia del desafío que tenemos en ciernes.

Tránsito hacia una economía social del conocimiento

Por otra parte, el proceso político que hoy encabeza Lenín Moreno le apuesta a la generación de capacidades, le plantea al país el desafío de transitar hacia una economía social del conocimiento, para ello se han sentado bases importantes,  se potenciaron la capacidades productivas del país, la generación de energía limpia, se reestructuró la composición del presupuesto para reducir la dependencia de las exportaciones de petróleo, se apostó por el talento humano  ecuatoriano, a través de la mejora de las condiciones físicas para el estudio, de la capacitación de profesores, de la mejora de sus remuneraciones, desmantelando las mafias que asolaron durante décadas la educación pública, otorgando becas a los mejores estudiantes, y se puso fin a la “estafa” educativa que constituía la educación superior del país.

En contraste la postura del retroceso, esa que denostó la planificación y en consecuencia le impidió al país fijar un horizonte de desarrollo, esa que busca perpetuar los rezagos que aun mantenemos de una estructura productiva que tradicionalmente, y con honrosas excepciones, le ha apostado a la extracción y la importación sin agregación de valor, esa que hoy no recuerda  la calamitosa situación de la infraestructura de la educación pública y del transporte, la deplorable situación de profesores y escuelas públicas, ni la proliferación de universidades de garaje que otorgaban títulos de papel.

Hoy el candidato de la banca no nos ofrece nada distinto,  su plan ni siquiera contiene una visión prospectiva del país, de allí que sea incapaz de imaginar siquiera el verdadero alcance de eliminar la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación, en su lugar nos propone crédito o vouchers educativos, propuesta que permite entrever su deprecio por la educación pública, nos habla de eliminación de exámenes para el ingreso a la educación superior, confundiendo libertad de elección con libertinaje que abrirán nuevamente la puerta para la proliferación de centros particulares de educación superior de dudosa calidad[3].

Con Lenín Moreno, se ampliará responsablemente la oferta educativa para ampliar la cobertura, no se cambiará gratuidad o beca por crédito, educación pública por educación privada (subsidiada), excelencia por mediocridad, libertad por libertinaje, no volverá la mafia del MPD a la educación, no volverán los justos reclamos de los profesores por el pago de sus salarios o por las deficientes condiciones materiales para enseñar, no se cambiará economía social del conocimiento por economía de mercado.

Ecuador en el mundo

El proceso político de los últimos 10 años que hoy representa Lenin Moreno, ha posicionado al Ecuador en el concierto internacional como un referente en la disputa de un orden global alternativo al capital financiero transnacional, nuestro país hoy es observado con interés por sus algunos de planteamientos, como los realizados por ejemplo en materia financiera, donde la auditoría de la deuda externa que llevó adelante la Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (CAIC), le significó al país un ahorro de alrededor de 7 mil millones de dólares; en materia de tributaria, donde la reciente aprobación de la consulta sobre paraísos fiscales es un hito reconocido a nivel mundial; en materia control de los capitales transnacionales, área en la que el Ecuador en conjunto con otros países ha liderado en las Naciones Unidas y en diversos foros comerciales, posturas de vanguardia para el establecimiento de restricciones y responsabilidades en materia de Derechos Humanos a las compañías transnacionales, así como el planteamiento de un mecanismo alternativo de protección y  disputa en materia de inversiones. Del mismo modo el Ecuador ha promovió y aprobado legislación de vanguardia en materia de propiedad intelectual y de movilidad humana, la misma que hoy es estudiada con mucho interés en otros países.

Es de triste recordación la postura tradicional del Ecuador en el ámbito internacional en las épocas doradas del neoliberalismo, en las que se siguieron sin objeción los dictados del “consenso” de Washington, y se renunció a pensar siquiera en una política soberana, resultado de lo cual se aplicaron medidas de ajuste lesivas a los derechos sociales, se aseguraron infamemente recursos para el servicio de deudas ilegítimas, se celebraron sin el menor análisis convenios internacionales en los que se renunció a la soberanía del Estado, se aceptó sin cortapisas el ingreso de inversores, como Chevron, cuyo comportamiento trajo graves afectaciones a los derechos humanos, y se adoptaron modelos legislativos internacionales, sin beneficio de inventario, en materia de propiedad intelectual y de inversiones, siempre en las condiciones más gravosas para el Estado que dichos marcos legales proponían.

Para el candidato banquero, la inserción del Ecuador en el Mundo se restringe a la mera relación comercial[4], allí el énfasis entonces estará en la celebración de acuerdos comerciales y de atracción de inversiones, sin beneficio de inventario, reducción de barreras arancelarias y de impuestos. Ningún planteamiento alternativo, ninguna propuesta soberana, ninguna propuesta de Estado.

Pero sin duda, el aspecto más oscuro de su vida hoy, son sus actividades privadas vinculadas con guaridas fiscales, al respecto se han presentado reportes que muestran que sus actividades rayan en la ilegalidad y respecto de las cuales ha evadido toda pregunta. Cuando el país se pronunció mayoritariamente por condenar estas prácticas, es inexcusable que quien se presente como opción presidencial, no de respuestas calaras, precisas y contundentes al respecto.

Con Lenin Moreno se asegura una posición soberana del País, que cuestionará, cuando corresponda, el orden económico establecido,  que propondrá al mundo formas alternativas de entender las relaciones de poder, que tendrá presencia en el concierto internacional de las naciones y  que no se sentará a esperar las definiciones de los grandes bloques políticos, para más temprano que tarde asumir como credo religioso la postura de alguna superpotencia.

Evidentemente el  proceso político de estos últimos 10 años ha tenido sus tropiezos y sus reveses, es por ello que a pesar de todo lo señalado, no es menos cierto que a Lenín Moreno le corresponderá la tarea de revisar la implementación de algunas políticas, ajustar el manejo de los recursos públicos, demostrar con hechos concretos la lucha frontal contra la corrupción, abrir el diálogo y retomar el debate en torno a temas como el rol de las organizaciones sociales, género, salud reproductiva; revisar la política pública en materia de aprovechamiento de recursos naturales no renovables, de cultura; enrumbar y consolidar definitivamente la transformación de la matriz productiva.

[1] El coeficiente de Gini paso de 0,55 a 0,47 en Ecuador, mientras que en el resto de América Latina en promedio pasó de 0,52 a 0,47.

[2] Plan de gobierno, Guillermo Lasso, pág. 22

[3] Plan de Gobierno, Guillermo Lasso, págs. 26 y 47

[4] Plan de Gobierno, Guillermo Lasso, pág. 9

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