ECUADOR: De la palabra como valor de cambio a la palabra como valor de uso

Por Julio Peña y Lillo E. *

Quién no recuerda en Ecuador el proceso de deterioro y desvalorización de la palabra,  quién no recuerda los famosos lemas de campaña, como:  “la fuerza del cambio” (Hurtado 81-84), “pan, techo y empleo” (Febres Cordero 84-88), “ahora le toca al pueblo” (Borja 88-92), “un nuevo rumbo” (Durán Ballén 92-96), “la fuerza de los pobres” (Bucaram 96-97), “sé lo que hay que hacer y cómo hacerlo” (Mahuad 98-00), “firmes con el cambio” (Gutiérrez 03-05).

¿Dónde quedaron todas esas promesas utilizadas como monedas mercantiles en el intercambio o persuasión del voto? El pasado se nos presenta de repente como un golpe, y nos pone de cara a un conjunto de palabras que anunciaban la llegada de nuevos y mejores tiempos, promesas que funcionaron bien como valor de cambio para garantizar la acumulación del poder, pero que terminaron vaciadas de sentido, fulminando a la palabra en su valor de uso.

Ese podríamos decir es uno de los grandes méritos y la principal distancia que ha sabido mantener este proceso político, frente a los procesos anteriores, en los que se utilizó la palabra y el discurso como mercancía de intercambio para acceder al poder y reproducir políticas que privilegiaron la defensa de los intereses particulares, por sobre la defensa los intereses nacionales o de las grandes mayorías.

Recuperar el valor de uso de las palabras y con ello la credibilidad tanto en la política como en los políticos, no es una tarea fácil, no se explica ni por el carisma de un líder, ni por la eficiencia burocrático-legal del Estado. La palabra ahora vuelve a capitalizar su poder, gracias a la capacidad que ha tenido el proyecto político de establecer dinámicas de desempeño y rendimiento, que extienden y efectivizan los derechos.

Así tenemos el anunció hace un par de años del proyecto-sueño de una Ciudad del Conocimiento llamada Yachay, cuya función es operar como epicentro en el cambio de la matriz productiva. Este colosal proyecto nacional ha dejado de ser un sueño, para pasar a formar parte de nuestra realidad.

Y con esta realidad, estamos revalorizando el uso de la palabra, cuando la Revolución Ciudadana cumple lo que ofrece. Felicitaciones a Héctor Rodríguez, a René Ramírez, y al Gobierno en este paso histórico a la tan anhelada transición de los bienes finitos a los bienes infinitos, o sociedad del conocimiento.

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*Presidente del Consejo de Administración del Ciespal.