miedo

El miedo en la política, un estructurador de lo “social”

Julio Peña y Lillo E.

Si retomamos un clásico de las ciencias políticas como es Thomas Hobbes, veremos que el afecto que ha servido de base en la construcción de nuestra sociedad moderna y en la configuración de los principales vínculos de la sociedad, ha sido el miedo. Este es el afecto político central y al mismo tiempo, de donde parte la gran dificultad que tenemos hoy en día para generar otros futuros o alternativas de vida posibles, por fuera del mainstream capitalista dominante.

Para Hobbes, la sociedad está compuesta por una asociación de individuos cuyos deseos desconocen los límites –seres de apetitos insaciables-, por lo que las relaciones sociales se estructuran a partir de una profunda competencia, de la cual deriva automáticamente una situación de inseguridad constante, o lo que él denomina, un “estado de guerra” permanente de todos contra todos.

El miedo que los individuos tienen unos de otros: de la desposesión, la pérdida de lo que es “mío”, de la exclusión y marginación, es el afecto que movilizó a las personas a crear las instituciones. El Estado surgió de esta manera, para protegernos de las posibles agresiones que provienen de los otros. Su objetivo principal, es brindarnos protección frente a situaciones en donde la violencia física, de sometimiento, o de exclusión nos asecha constantemente.

El Estado cobra plena legitimidad -sobre todo entre las clases menos favorecidas-, cuando recordamos el riesgo que corremos si nos salimos de su esfera protección (salud, educación, jubilaciones, etc.), cuando tenemos presente la inseguridad o el riesgo que nos asecha si no tenemos ningún tipo de ingreso o de recursos. Es allí cuando se reconoce el valor y la importancia del rol del Estado y de sus políticas públicas, cuando estas operan como (único) patrimonio de los menos favorecidos.

Sin embargo, como sostiene Chomski, para el conjunto de élites económicas y poderes fácticos (banca, medios de comunicación, finanzas), es imperativo aplastar el renacimiento democrático de nuestros países, para poder asegurar y mantener el flujo de recursos económicos hacia las empresas privadas de las clases acaudaladas y privilegiadas, evitando de esta manera que los recursos se destinen al fomento de políticas sociales encargadas de reducir nuestras asimetrías históricas.

Esto explica a su vez, por qué no es una casualidad que la red de emporios mediáticos (TV Globo, Televisa, El Clarín, CNN, etc.) se opongan abiertamente a aquellos líderes y países que han decidido sacar a sus pueblos del olvido, de la indiferencia, en medio de un escenario de grandes adversidades estructurales.

El reto de nuestro tiempo va ser entonces, proteger y profundizar las conquistas sociales que han permitido mejorar las realidades de nuestros pueblos, asegurando la construcción de una democracia más justa y radical.

Posted in Análisis.