ELAP 2014: propuesta para una comunicación regional emancipada

Julio PEÑA Y LILLO E.

El Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2014 http://www.elap2014.com/), se ha planteado el reto de promover acciones políticas continentales. Su horizonte inmediato, es la profundización de la democracia y los procesos revolucionarios en la Patria Grande, de cara a una globalización capitalista, en donde se reproducen las democracias restringidas.

Inmersos en este escenario, los medios se presentan ahora como nuevas maquinarias del despojo: de la palabra, de la información, de las nuevas voces, conquistas y logros sociales. Su obsesión actual en la región, es desplegar una crisis de expectativas en contra de aquellos héroes plebeyos Sudamericanos (Chávez, Maduro, los Kirchner, Morales, Correa, etc.), que osaron afirmar, en el continente de las más grandes desigualdades, “que no puede haber libertad sin justicia social”.

Como activos actores políticos de oposición, los grandes medios de comunicación pretenden quebrar el renaciente optimismo histórico, articulando regionalmente su descontento, mediante la propagación del miedo: a las “supuestas” crisis económicas, a la fuga de la inversión extranjera, a la inseguridad, etc.; métodos de disciplinamiento, con el que pretenden mantenernos atados al inmovilismo que garantiza su confort.

Alineados estrechamente, con lo que los presidentes progresistas de la región denominan: “la restauración conservadora” (o retorno del neoliberalismo), los medios nos imponen un estado de opinión a través de sus monopolios de información. Propagan una hegemonía cultural, que busca hacernos creer, que lo que es “bueno” para elites, “es bueno” para las grandes mayorías. Así tenemos por ejemplo, su férrea campaña de satanización y oposición a la cultura tributaria (más tiene más paga), mecanismo fundamental con el que los países de nuestra región han podido ir corrigiendo las grandes desigualdades.

De igual forma, estos emporios de información, se oponen abiertamente a que nuestros procesos de transformación regional potencien sus capacidades integracionistas, razón por la cual en el ELAP quedó planteada, la necesidad de incrementar y fortalecer la conectividad (cultural, social y política) entre nuestros países, para poder ganar la batalla de la conversación política regional sobre nuestros problemas.

La comunicación Progresista del siglo XXI, como sostiene Rancière (2010) en el Espectador Emancipado, debe diseñar un nuevo horizonte de lo posible, modificar las coordenadas del llamado “orden natural”, y rediseñar los espacios y las cuestiones que nos son comunes. La comunicación progresista sólo puede darse, cuando hay ruptura y re-significación de nuestras percepciones, cuando nos aproxima, y cuando da voz a los anónimos de donde emerge el nosotros político.

En tiempos de comunicación digital, el reto para los países de nuestra región consiste en ser capaces de rediseñar un paisaje nuevo de lo visible, de lo factible y de lo decible, en forjar en contra del consenso sistémico capitalista, nuevas formas de sentido común, en línea con el proceso de apropiación de nuestro destino.

Descuidar la compenetración regional, a causa de una insipiente o nula intercomunicación o conversación de proximidad sobre nuestros asuntos, es fragilizar nuestra conciencia política colectiva, y debilitar nuestra capacidad de neutralizar la expropiación del relato, que se ejerce en la actualidad desde los grandes medios, en su afán de silenciamiento de todo aquello que amenaza los beneficios de su estatus quo.

Asegurar los procesos de transformación que vive la región implica entonces, comprender la necesidad de una integración no sólo económica, sino política, cultural y comunicativa, y tener presente que uno de los nuevos campos de batalla más complejo, se encuentra en la esfera de la comunicación y de los medios.