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La campaña electoral: un ritual político

Por: Jacques Ramírez

La antropóloga Larissa Alder Lomnitz, conocida en el campo académico sobre todo por su célebre libro Como sobrevien los marginados (1975) así como por su teoría de las relaciones horizontales y verticales en la estructura social urbana de México, realizó una etnografía sobre la campaña presidencial del PRI en 1988. En dicho trabajo definió a tal tiempo político como un rito, concretamente, miró a la campaña electoral como una organización ritualizada a partir de la cual se podía entender la cultura política mexicana.

Según la autora las campañas electorales son ritos de pasaje pues en su torno opera una sucesión presidencial capaz de generar -entre otras cosas- procesos de renegociación entre los diferentes actores políticos, al interior de los partidos y de los mismos equipos gubernativos. Dicho carácter transicional hace de las campañas lugares ambiguos, fronterizos y potencialmente disruptores del orden social.

A la vez, dentro de una campaña se escenifican una serie de eventos ritualizados que representan el drama del poder en el sistema político. Desde allí se visualizan conflictos, alianzas, tensiones, intereses, etc., en cada una de las fases que componen una campaña. Ésta arranca con la designación oficial de los candidatos a la presidencia: se escoge el lema, se preparan los discursos, arrancan las giras en territorio, las caravanas, la participación en diferentes eventos y se producen debates, negociaciones y discusiones de los grandes problemas nacionales hasta la clausura de las campañas.

Nuestro país justamente el día de ayer vivió el cierre de esta fase del rito previo a las elecciones del día domingo. De los muchos elementos susceptibles para la observación etnográfica  de este tiempo de campaña vale la pena resaltar las dimensiones mitológicas nacionales que han colocado los actores políticos en la tarima (y en las redes sociales), sobre todo quiero resaltar la dimensión cosmológica, que define los grupos sociales que componen y  explica los lugares relativos que éstos ocupan dentro de la comunidad imaginada, así como las relaciones de inclusión/exclusión, de clase, región, grupos étnicos o género. Al analizar la dimensión cosmológica se puede interpretar a quién representa cada uno de los candidatos.

En los discursos de campaña el candidato de CREO se colocó como el portador ‘del cambio’ y el salvador de la ‘dictadura’. Pero su figura de banquero del Opus Dei, ligado al feriado bancario que pulverízó la economía nacional a incios del siglo, además de las revelaciones de su negocios en paraísos fiscales y bancos en el exterior, así como sus propuestas privatizadores, le colocaron en el imaginario social apenas como el ‘magnate de las offshore’ y representante a los intereses de las grandes fortunas del país.

Por otro lado, el candidato de Alianza Pais, quien utilizó como lema de campaña ‘vamos por más’, se colocó como aquel que ofrece al Ecuador la continuidad de las transformaciones políticas de la última década y que busca ampliar la matriz de derechos sociales por la vía de más inclusión y redistribución de la riqueza. Logró así situarse como representante de ‘los de abajo’, de los plebeyos, de las clases medias. Varios discursos y videos de campaña dejan ver tal composición social de sus actos.

Los rituales políticos desplegados en esta campaña electoral son una dramatización del modelo ideal de estado-nación en disputa. Nuestro voto del domingo y el cambio de mando del 24 de mayo completarán el rito de pasaje del poder político en el Ecuador. En ambos momentos se fijarán los contornos de la patria que queremos en los próximos años.

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