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La crisis política del sistema mundo capitalista

Por: Carlos Cabrera

¿Que nos muestran los resultados electorales de los últimos dos años en el mundo?

Pues que la democracia representativa hace rato que dejó de representar a alguien. Las estructuras de los sistemas de partidos dejaron de depender de sus votantes fieles y se adscribieron a los financieras mundiales (llámese banca global, bolsa de valores, multinacionales), y el sistema de partidos occidental dejó de representar a sus votantes.

La lógica de voto comenzó a transformarse poco a poco. Surgieron respuestas a las demandas insatisfechas, a través de liderazgos fuertes que se han mezclado con una coyuntura de crisis económica y fuertes impactos laborales. Algunos han sabido crear discurso a partir de las demandas insatisfechas (léase Trump, Le Pen, Macron, Uribe, Theresa May, etc.), planteando una respuesta a un dilema que Fukuyama parecía resolver, pero que cada vez nos pega en la cara.

Sí, la Urss desapareció, el capitalismo venció, pero los dilemas intrínsecos en él no desaparecieron, por el contrario, aumentaron durante estos últimos 27 años después de la caída del muro de Berlín. Vivimos unos años 90´s extasiados por el consumo superfluo y pasamos a los 2000 con la esperanza de un nuevo siglo, transformado en desarrollo tecnológico logarítmico, abundados de información, clausurados de auto reflexión sobre aquello que nos han vendido.

Pronto vino el terrorismo y la crisis de seguridad internacional, intervenciones de los poderes ganadores, sobre lugares con intereses estratégicos. Pronto también vino el desarrollo sin correas de internet y las redes sociales. Como humanos supimos cómo utilizarlas para organizarnos (primavera árabe) en torno a lo político. Sin embargo, le han quitado peso a nuestros reclamos. Han vaciado de contenido nuestros discursos, puesto que nos venden “libertad de expresión” por “libertinaje de expresión”.

Nuestras opiniones carecen de fundamentos, pero pretendemos ser escuchados, sin escuchar a nadie más. La comunicación se establece con un mensaje, un emisor y un receptor y por sobre todo un canal donde el mensaje vaya de un lado al otro y vuelva. Si no vuelve, no existe comunicación.

Esta ruptura, ha hecho sentir al ciudadano en abandono de toda institución. No hay ya nada ni nadie en el que podamos creer. Los partidos políticos, aquellos llamados a proteger nuestros intereses, dejaron de hacerlo, y prefirieron salvar los intereses de la estructura financiera mundial.

Tras este abandono, nada más lógico que lo planteado tanto por Trump como por Le Pen, etc.; sea escuchado. Lástima que la izquierda no haya tenido la reacción suficiente para plantear un discurso que pueda disputar la hegemonía por el sentido a estos “ídolos”, que “sin querer” queriendo, nos llevaran al más profundo caos. Es hora de reaccionar. No podemos ceder más espacios, tenemos que generar ya una respuesta ante la estupidez.

Pintura de:David Alfaro Siqueiros

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