injusticia

Las desigualdades son libertades pisoteadas

Julio Peña y Lillo E.

Al contrario de lo que presupone el pensamiento neoliberal y el capitalismo, la construcción de un horizonte de expectativas compartidas, o de un nosotros colectivo, no puede ser percibido como un sacrificio. Es fundamental tener presente que el bienestar de cada uno de nosotros está directamente relacionado con el bienestar de todos al interior de la sociedad.

Cuando vemos un planeta en donde el 1% se impone sobre el 99% de los ciudadanos, es posible comprender como las desigualdades y las injusticias son reproducidas cotidianamente por las dinámicas del capitalismo, las cuales se desentienden completamente de todo tipo de política relacionada con la solidaridad o la fraternidad.

Como latinoamericanos, sabemos que son las grandes desigualdades e injusticia sociales las que generan automáticamente una supresión de las libertades como son, las de un acceso posible a: la salud, al conocimiento, al tiempo libre, al aprovechamiento de la cultura, al consumo, a los desplazamientos, al esparcimiento. Por ello, en nuestros países es imperativo defender la construcción, fortalecimiento y mantenimiento de instituciones que permiten combatir cualquier forma o estructura de discriminación y exclusión, formas históricas que reproducen modelos que han “naturalizado” las desigualdades.

Los países hermanos de América Latina requieren instituciones que contribuyan a constituir individuos integrados a la sociedad, los cuales al reivindicar y ejercer su libertad, colaboran al mismo tiempo con el fortalecimiento de las políticas relacionadas con la solidaridad social.

Promover una política realmente democrática, es velar por un desarrollo que beneficie a todos, sin dejar a nadie en el camino. Desde esta perspectiva, es fundamental sostener y apuntalar un modelo de Estado Social, que pueda brindar las condiciones de asistencia y protección a los más pobres y a los más necesitados. No es posible en pleno siglo XXI, que sigamos reproduciendo sociedades de seres estigmatizados y relegados a ciudadanías disminuidas, llámese de segunda o de tercera categoría.

Como ecuatorianos, debemos seguir fortaleciendo la construcción de un sistema universal de cobertura frente a las desagracias generadas por el sistema capitalista excluyente, contar con programas públicos que permitan el desarrollo de oportunidades para todos, así como con políticas que contribuyan a reducir las terribles desigualdades de nuestra sociedad.

Seguir profundizando estos cambios evitará volver al estado de abandono de años atrás. Tengamos presente que el progreso de nuestras libertades debe ir de la mano al desarrollo de una mayor igualdad, y que no podemos como sociedad seguir anteponiendo la libertad, si esto implica la exclusión social de las grandes mayorías.

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