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Reflexiones de un becario sobre la educación pública

Por: Emilio Fernando Uzcátegui Jiménez

Becario de Excelencia

Ecuador.

Las últimas semanas hemos sido bombardeados con promesas vacías y demagógicas que han tenido eco en los sectores más mercantilizados de la prensa. Dentro de estas propuestas he visto con particular preocupación el proyecto del candidato de oposición de eliminar la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (SENESCYT). Con la finalidad de evitar el fuego cruzado de la desinformación al que nos enfrentamos, propongo una opinión desde mi vivencia personal en relación a la gestión de esta institución.

Fui beneficiario de una beca de excelencia de SENESCYT, lo que me permitió realizar mis estudios de maestría en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, donde además de recibir formación de primer nivel, pude formar parte de una red académica que genera nuevos paradigmas en la ciencia sociales a nivel mundial.  Esto me ha abierto varias puertas en el ámbito laboral, desde el cual he podido incidir de forma directa en el desarrollo de política pública en el Ecuador, Finlandia e India y en foros internacionales como la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual.

El programa de becas no solamente favorece a sus beneficiarios. Introduce estudiantes ecuatorianos a universidades internacionales, visibiliza al país y lo posiciona como un agente importante en el ámbito de la investigación mundial.

Mi beca me dio la oportunidad de compartir aulas con otros becarios ecuatorianos, quedando gratamente sorprendido por su alto nivel académico. La camaradería que se generó en el grupo nos llevó a conformar la sociedad de estudiantes ecuatorianos de nuestra universidad, espacio de representación que crea un vínculo académico entre el país y docentes internacionales del más alto nivel.

 Al siguiente año esta iniciativa se replicó en otras universidades del Reino Unido. Esta clase de posicionamiento internacional sería impensable de no existir desde el Estado un programa de becas progresista e incluyente.

Hoy veo con preocupación cómo ciertas lógicas mercantilistas que conciben a la educación como mercancía, amenazan la continuidad de este programa. La educación es un derecho, es una expresión de mi libertad personal y la mayor herramienta con la que cuento para servir al prójimo. La beca que obtuve me ha permitido ser más para servir mejor, y ahora  espero que otros estudiantes ecuatorianos tengan esta misma oportunidad en el presente para mejorar su futuro.

El país como Ecuador, con terribles injusticias y desigualdades históricas, no puede darse el lujo de retroceder nuevamente en materia de educación. Los jóvenes estamos llamados a defender todos estos avances conseguidos.

No podemos permitir que se abuse de la palabra libertad y se la asocie únicamente al consumo; la libertad comienza en las aulas, en la educación como los lentes que nos permiten ver el mundo que nos rodea para decidir cómo queremos contribuir con él.

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